Destilaciones 'absínticas'... y algo más que puterías.
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Monday, June 16, 2008

Épica: "La fiesta de hécate"

La fiesta de Hécate

[Selección]

Por el paraíso de la descomposición voy volátil.
Me filtro en los muros de mi existencia,
me baño en las aguas de la indecencia.
Del caos de Estigia emergen figuras insólitas.
Me arrojo en sus fuentes auténticas
—esto es belleza, me digo—, me baño y me embriago de ella.

¡Oíd, las musas cantan y bailan el ditirambo!

Pan sopla de su fálica flauta.

Dionisios se tira un cabrón.

Orfeo toca el oboe.

Febo baila con ménades la danza del fornicio.

Palas y Vesta yacen en el mismo lecho

—y su preciada virtud no tiene mácula:

Decid, oh pulcras togas de lino,

que su crujir tersa los prados—.

[...]

Afrodisa preside el trono de Hécate.

Proserpina, soberana anfitriona,

destila quintaesencias.

El poeta a ella consagra el Ágape,

la invoca como su matrona.

[...]

Aquí a un alto dios dandy

se alzan en jugosa pira

el incienso, la mota, la mirra,

el azufre, el ajenjo, el brandy,

el opio y las carnes evanescentes.

[...]

De sudor y vapores se enturbia la noche

Dulces y dulceamargos son los olores

De pieles son los rituales de Eros

Náyades y Ganímedes los coperos

Los vinos de varios violáceos colores.

[...]

Alexis Azazel Emilio. Diciembre de 2007

Friday, November 02, 2007

Dia de los muertos...

Verán que no se me da escribir epigramas, por eso envío esto, un hijo algo prematuro.

Día de los muertos

Soliloquio de la seño Calavera

A mis hermanos

¿Cómo se escribe el epigrama?

—Se preguntaba la tercera Parca.

¿Y se puede ser musa y Moira una sola?

¿O cómo, viendo en todos filigrana,

un porfiado piensa en épica y bohemia?

 

Vamos, hijos míos, yo seré su matrona,

la escarnecida llorona de blanco,

la descarnada dolorosa suicida.

¿Aún hay lugar para otra matriarca?

¿Quién puede jactarse de cruel

siendo hasta la muñeca de yeso y de papel?

¡Seguidme en procesión por coloridos altares!

 

Fumando ofrendas de incienso delicioso,

me encontraba cuando me invocó el ocioso.

No hables de mí la desdichada,

mejor invéntame una oda, un romance o balada.

Mucho me ha lacerado fisgona su lisonja.

Ahora hablaré de ti por tus dedos fatigados.

 

Volverán insensatos a temer mis males,

pero antes, mh h hm, qué ricos tamales.

¡Qué tonta, he ensuciado mi vestido nupcial!

(No escribas eso, no fui yo, fuiste tú Porfirio).

¡Ah, porque soy mujer!, toda una catrina,

pero a veces también el caballero o el mendigo,

así han querido o podido verme algunos

(soy el invicto ajedrecista

y me encanta, por cierto, el guajolote).

¿Con quién iré a casarme?

¿Hasta que la vida nos separe?

 

Pero ven Macario, no seas tímido;

ven y escríbeme un rosario.

¿Compartirás conmigo el postrer regazo?

Ajá, no creas que porque la gente olvida mis hermanas

yo me olvido de tu nombre o el de tus parientes.

Niña, verdadera Benjamina,

y tú, chico, émulo de arcángel temerario,

y tú Alejandro ¿Conoce alguno mi secreto nombre?

Los devanan aún las yemas de mis hermanas:

Recen mi rosario, y extrañen mis falanges de humo…

que a mí, raída y tiznada vedme,

ya el mundo no me teme.

¡Adobadme un digno osario!

 

Alexis Ramírez V. 2 de noviembre de 2007